21 de septiembre de 2011

Estado aconfesional


“Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones” - Constitución Española, art. 16.3

Esto es lo que señala la Constitución Española en relación al carácter aconfesional de la nación Española. Pero, ¿por qué aconfesionalidad en lugar de laicismo? Seguramente este segundo término, laicismo, les haya causado al leerlo cierta aversión por las connotaciones negativas que generalmente se le otorgan. Sin embargo, no hay que dejarse llevar por la primera impresión, ya que el laicismo no es la vertiente negativa de la aconfesionalidad como muchos suelen creer. Se trata de una corriente de pensamiento, o ideología, que defiende la independencia del hombre, de la sociedad y del Estado de cualquier organización o confesión religiosa. Y dentro de él, existiría una alternativa negativa, que consistiría en, además de defender la independencia del Estado de la religión, en la lucha contra ella, en cualquiera de sus confesiones.

Y muchos se preguntarán, ¿y qué más da? Pues no, no da igual. En el caso de España, la aconfesionalidad se corresponde con la injusticia, derivada de que únicamente se beneficia al catolicismo, a pesar de existir diferentes confesiones religiosas en el país. Entre los beneficios que otorga la nación española a la Iglesia Católica encontramos que se le ceden delegaciones públicas para la recaudación de fondos, se les conceden instalaciones escolares públicas para difundir su doctrina y se le financia con fondos públicos. Según recoge el artículo señalado al inicio, dichas relaciones de cooperación también deberían mantenerse con el resto de confesiones, sin importar el porcentaje  de población de cada confesión, pues la justicia no es cuestión de números. Si bien es cierto que existe un Acuerdo de Cooperación del Estado español con la Comisión Islámica de España, este proporciona ningún tipo de privilegio al Islam como confesión religiosa, únicamente reconoce derechos que, bajo mi humilde opinión, pertenecen a cualquier persona o grupo social por el hecho de ser tal. Faltaría más que con el derecho de libertad religiosa y el estado aconfesional no les permitiésemos rezar en lugares que ellos decidan para ello. Y ya en un punto tan esencial como este, vemos por las noticias algún que otro conflicto en la construcción de mezquitas, pero ¿a qué nadie se quejaría si se construyese una nueva iglesia? ¿Cuál es la diferencia? Yo no veo ninguna.

Y mi pregunta es ¿por qué tenemos que costear la difusión de la doctrina o el fortalecimiento de una institución con tan grandes taras y defectos? Entre ellas la homofobia, pues va contra el matrimonio entre homosexuales, argumentando a su favor con falacias etimológicas que señalan que el matrimonio, por su raíz “mater-”, debe ser entre hombre y mujer; esperemos que no haga lo mismo mi padre con el patrimonio familiar. También ataca el derecho al aborto, lo único que hace la ley es ofrecer opciones a aquellas que quieran abortar, no obliga al aborto, solo ofrece  LIBERTAD de elegir. Y continúa con el uso del preservativo, condenando así el placer mundano y corporal (y por ello condenable para la Iglesia católica: el sexo solo para la procreación) de las relaciones sexuales y permitiendo la muerte de miles de personas a causa del SIDA. ¿Acaso no es lo mismo matar directamente, como ellos señalan en su más que debatible postura frente al aborto, que dejar que otros mueran? Y por último, acoge en su seno y da refugio a un gran número de pederastas, que serán los menos, sí, pero también condenáis al islam en función de sus minorías radicales, y os quedáis tan anchos.

AMÉN.

28 de julio de 2011

Dormir soñando

  •                 Duérmete – me susurró al oído, tan cerca como para que solamente yo pudiese escucharla. Era demasiado tarde, los demás dormían no demasiado lejos de nosotros.
  •              Abrázame – contesté sin saber muy bien por qué. Necesitaba sentirla conmigo, notar como su respiración jugueteaba con el ritmo de su corazón en una peculiar carrera en el que es imposible conocer con exactitud quién va en cabeza.
  •                  Voy – me respondió, sin fuerzas para conseguir conjugar con el abecedario ninguna palabra más. Tampoco era necesario. – Me gustaría hacerte pedacitos pequeños y guardarte en una cajita para tenerte siempre conmigo – añadió para mi sorpresa, gastando su último suspiro antes de caer dormida.
  •                       Adelante, soy todo tuyo – dije tras una leve pausa en la que asimilaba la ternura de sus palabras. Y nos quedamos dormidos mientras ella simulaba despedazarme cariñosamente con un el movimiento de su mano, que simulaba el de un cuchillo.

26 de julio de 2011

Retales de un descosido corazón

               Una vez más las lágrimas toman la curiosa forma de letras que salen de mis manos en impulsivos golpes al teclado. Lágrimas reprimidas que me recuerdan que no hay peor soledad que la de estar rodeado de gente. Había olvidado la sensación de estar vacío por dentro, de haberme desprendido de todo lo que sentía en un repentino instante en el que mi corazón se abría paso a manotazos y empujones quitando de en medio mi excesivo raciocinio. El miedo, la angustia y el desconcierto se han enzarzado en una fuerte pelea por conseguir ocupar un cuerpo desprotegido. Necesito tranquilidad, calma. Carezco de las fuerzas necesarias para erigir una nueva defensa en torno a mí, y he de reconocer, que muy a mi pesar, también me faltan ganas.

            Juego a dibujar un futuro incierto, en el que mis sueños, expectativas y peores miedos se entremezclan produciendo en mí una extraña sensación de angustia. No obstante, un tonto alivio me sobreviene cuando veo que se esfuman con la misma facilidad con la que llegaron, haciendo gala de su efímero carácter. Son demasiados interrogantes que no puedo solventar con la ligereza de un estudiantil problema matemático, no existe una única respuesta válida, quizá ni siquiera exista la posibilidad de ser respondida. El tiempo, esa sucesión de instantes, de momentos, de acontecimientos que ocurren, tal y como los definen los libros, es el único que tiene guarda todas las respuestas posibles, pero seré yo quien deba elegirlas. Forzar el cuándo sería un vano intento por correr más que el reloj, un suicidio mental en el que las manecillas del reloj irían poco a poco hundiéndose en cada poro de tu piel.

                El eterno retorno, la sensación de no salir nunca de un bucle en el que la vida parece colocarte, sin cansarse de darte las oportunidades que necesites para que hagas las cosas bien, te parece tan poco común que la vida juegue a tu favor que te asusta pensar que sea así. Y frente a él, el retorno sufrimiento, mismas preguntas, mismas cavilaciones, repetidos pensamientos que parecen rebotar en tu cabeza destrozando todo aquello que se les interponga en tu cabeza. La continua pelea entre querer y poder, los dos titánicos colosos que se enfrentan en cada una de esas noches en la que el sueño vuelve a abandonarte, y tú sigues muy bien sin saber por qué lo hace y hacia dónde se dirige. Añorada amistad la vuestra.

                Es demasiado temprano para tratar siquiera de averiguar si se trata de un paso hacia atrás o hacia delante. Por una vez, aunque debiera hacerlo con más frecuencia, me tomaré un respiro. Me decantaré por lo más cómodo y me abandonaré al sueño, pero esta vez no soñaré despierto.

9 de julio de 2011

She!

La esperanza poco a poco se alejaba, huía de mi cuerpo como otras tantas veces, cuando de repente, tras un paseo en el que mis ojos la buscaban, la encontraron de frente. Parecía algo acalorada, pero sonreía, hecho que me produjo una extraña sensación de tranquilidad. El poco viento, que calmaba aquella calurosa tarde de verano, le movía el pelo, parecía juguetear con él con una ternura y suavidad incomprensibles. Se acercaba. Sería demasiado atrevido por mi parte intentar describir una boca que dijese tanto desde el silencio, nada podía iluminar su cara como aquella sonrisa. Y con cada paso que daba hacia mí, sentía que se alejaba un poco más, que se hallaba tan distante como nunca. “Por un momento pensé que no vendrías”, pensé, pero mis palabras se ahogaron en los dos rutinarios besos de bienvenida.

Comenzamos a andar, y como un niño pequeño que mira con envidia los juguetes de los demás, no conseguía apartar la vista de su silueta. Contoneaba su cuerpo al ritmo de sus propios pasos, engarzando armoniosamente unas sintonías con otras. Me sentía tan próximamente lejano a ella que empezaba a dolerme, pero no sabía cómo decírselo, no podía hacerlo.

Mientras dudada acerca de qué hacer, desistí, me abandoné a la facilidad de no hacer nada, a la soledad de volver a sentirme un número primo.

6 de julio de 2011

La soledad de los números primos

"Los números primos sólo son exactamente divisibles por 1 y por sí mismos. Ocupan su sitio en la infinita serie de los números naturales y están, como todos los demás, emparedados entre otros dos números, aunque ellos mas separados entre sí. Son números  solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error, como perlas ensartadas en un collar, y otras veces que también ellos querrían ser como los demás, números normales y corrientes, y que por alguna razón no podían. Esto último lo pensaba sobre todo por la noche, en ese estado previo al sueño en que la mente produce mil imágenes caóticas y es demasiado débil para engañarse a sí misma."

La soledad de los números primos
Paolo Giordano