21 de septiembre de 2013

Desde siempre

- Tengo la sensación de conocerte desde hace mucho tiempo, es como si siempre hubieses estado aquí, conmigo - dijo, cerrándome los labios con un beso, impidiendo que pudiese articular palabra alguna. 

Se despidió. Nos dimos la espalda, cada uno hacia su destino, solos pero acompañados por el recuerdo que aún dejaba la presencia del otro. No pude evitar sonreír, y es que, en cierto sentido, sus palabras no podían ser más ciertas. Me detuve, giré la cabeza e imaginé que ella acababa de hacer lo mismo, pero ya solamente podía ver su figura desde atrás, alejándose. 

Ella, la misma chica de aquel semáforo en rojo, la que se sentó frente a mí en el ruidoso autobús urbano, la que estaba sentada dos filas por delante y tres sillas a la derecha en aquel concierto. Ella, la que me hizo cambiar de cine, la que modificó mi rutina de biblioteca, la que consiguió que cruzase la calle para coincidir en su acera y observarla muy de cerca, desde el anonimato de mis gafas de sol. Ella, la que no me conocía por aquel entonces, la que, sin tener constancia de ello, ya había conseguido todo esto.

16 de septiembre de 2013

Traspiés de la memoria

Me entrego a la distopía del pasado, al estepario invierno de tu mirada, de tus pupilas reflejando mis ojos. Me lanzo al vacío sin resentimientos ni temores, me desvisto de caricias, quedo al desnudo frente a tus palabras hirientes. Inocente pero tenaz, sabedor de que vivieron por mí, decidieron en mi lugar y, lo peor de todo, pusieron sus sentimientos en mi cuerpo, sentí como ellos querían, tracé mi historia intentando rehacer sus errores. 

El colapso estaba escrito con tinta indeleble, con trazos de inquebrantable color negro en el espacio que dejaban nuestros cuerpos tras el sexo. En el interludio de los pulmones que nunca respiraron al compás, en el abismo que formaban las sábanas, resultante de aquellos movimientos respiratorios, se fueron ahogando nuestras promesas, las canciones que un día nos atrevimos a atrapar y señalar como nuestras. Malditos insentatos, ahora sus letras se han vuelto contra nosotros, y nos están ganando la batalla; algo me dice que no tendrán piedad, que nos harán añicos, es tarde para súplicas sin sentido.

Presagiando el final en el tiempo, el olvido recogió sus cartas, yo las mías. Acepté el desafío. Volví a perder. La memoria hizo el resto, mantuvo el espejismo de una historia inacabada, haciéndome inventar nuevos trazos de un dibujo que ya ni siquiera estaba delante de mí. Pero seguí mojando el pincel sobre las ya secas manchas de óleo, lanzando embates feroces a un espacio vacío, tal vez reflejo de una soledad interior nunca reconocida. Imaginación sobraba al pintor, que no cesaba en su intento de plasmar lo que tan claramente aparecía en su mente sobre aquel inventado lienzo.

Adiós, te dije, o tal vez me lo dije a mí desde tus labios, añorando ya tus besos, despidiéndome de aquella parte de mí que se iba contigo, envidiando que ella podría volver a perderse en tu cabellera sobre la cama, a fin de cuentas, respirarte. Tal vez por eso nunca has muerto, tal vez por eso nunca moriré.


23 de julio de 2013

Me preguntaba que...

                ¿Por qué nuestros esfuerzos se centran en encontrar agua en Marte en lugar de llevarla a aquellas zonas de la Tierra donde más la necesitan? ¿Quién no es cómplice? ¿Cómo hemos llegado a un mundo donde hay muertos de hambre y muertos de anorexia? ¿Dónde venden el fármaco para revivir las conciencias? ¿Qué se nos pasa por la cabeza? ¿Cuántos son los sacrificios inevitables para que sigamos manteniendo nuestro modelo de vida? ¿Quién no ve que es necesario, para conservarlo, que otros estén muriendo?

                ¿Por qué esperar durante más tiempo? ¿Cuáles son las cadenas inventadas esta vez para atarnos a nosotros mismos, para coartar nuestras conciencias? ¿Qué nos impide aferrarnos fuertemente a nuestros proyectos, nuestras metas, y luchar para que se hagan realidad? ¿Cómo es posible que escondamos tantas palabras de cariño a esas personas que hacen méritos para ganarlas diariamente?

                ¿Por qué lo diferente nos lleva, en un gran número de ocasiones, a reafirmarnos en nuestra inescrutable posición, bien sea ideológica, racial, religiosa, política, etc.? ¿Cómo es posible que veamos en el otro una oportunidad para criticar antes que una posibilidad de aprender? ¿A qué se debe ese afán de buscar exclusivamente discrepancias, en lugar de similitudes, puntos en común, que nos ayuden a aprender y crecer personalmente? ¿Dónde queda el silencio cuando se trata escuchar a los demás?

                ¿Por qué sólo amamos en las relaciones ajenas, en los senderos sentimentales que tanto miedo tenemos de emprender? ¿Qué nos lleva a sentir únicamente en las vidas de los demás, en las historias que nos narran los libros o proyectan las películas? ¿Cómo es posible que no aceptemos un beso entre dos hombres y veamos con normalidad que solucionen sus problemas con la violencia de dos manos cerradas golpeándose? ¿En qué momento empezamos a llenar el cariño que necesitan los niños con juguetes en lugar de hacerlo con horas de juegos y risas?

                ¿Por qué me siento un títere en manos de un destino que no he elegido? ¿Cuándo me pidieron opinión mientras decidían qué iba a ser de mi vida? ¿Cómo es posible que todos te arrastren hacia su apatía y desánimo intentando convencerte de que tú tampoco serás capaz de salir de ella, que caerás rendido, exhausto, en sus brazos? ¿A qué se debe esa manía de aniquilar mis sueños, mis esperanzas, mi situación de desconcierto y desolación en un mundo que no comprendo? ¿No debería cada uno preocuparse primero por su vida antes de entrometerse en la de los demás? ¿Por qué no nos dejamos en paz los unos a los otros?

                ¿Por qué han leído esto?


28 de junio de 2013

Los otros

                 Intranquilidad y apatía muestran vuestros ojos, esos que rara vez levantan sus pupilas del frío asfalto, esos que han dejado de transmitir el calor propio de las pasiones que nunca más os moverán. Gafas de sol que con frecuencia esconden inquisitivas miradas que vuelan hasta posarse sobre cada uno de los que os rodean, imaginando acaso que su vida es mucho mejor que la vuestra. Y, como todos pensamos lo mismo, nadie hace nada por cambiar lo que no le gusta de esa aciaga cotidianidad hacia la que irrevocablemente se siente empujado. ¿Para qué esforzarnos cuando es más sencillo quejarse?

                “Estamos controlados, no podemos hacer nada” dicen algunos. Pero, ¿quién nos controla, quién nos vigila? “Pues quién va a ser, el gobierno”, puedo leer en la cabeza de alguno de los que me estáis leyendo. “Esos que tienen el dinero, esos que nadie conoce pero deciden sobre nuestras vidas”, ¿en serio estáis pensando esto? Tal vez sea el momento de abandonar todas esas teorías conspiratorias que tan profundamente arraigadas se encuentran en vuestros cerebros, parasitándolos hasta la saciedad. Los hombres de negro, como os gusta llamarlos a veces, aprovechándoos de lo lúgubre y misterioso del color, de la oscuridad que éste connota, los hombres de negro, digo, no existen. No se reúnen para tomar café y jactarse de vuestras miserables vidas. Realmente no pienso que sean tales, eso es lo que creéis vosotros. Esa élite adinerada en cuyas manos está nuestro futuro no es más que un espejismo, creado, tal vez, por la falta de valores (morales, principal aunque no únicamente) que empapa a nuestras sociedades.

                ¿Alguien se acuerda de la película el Show de Truman? Sí, esa en la que toda la vida del protagonista es un gran reality show, donde todo está controlado al milímetro por los directores del programa. El escenario es una semiesfera gigantesca, infectada de cámaras situadas en lugares recónditos… ¿lo recuerdan? Bueno, es igual, piensen en Gran hermano, ¿ahora sí, no? En ambos casos, prestando un poco de atención, nos damos cuenta de una forma de control diferente a la que muchos pensáis que se da de hecho en nuestra sociedad. No existe una jerarquización del poder, no mandan los de arriba y los de abajo obedecen; no, nada es tan simple. El control, en estos ejemplos, recae sobre las cámaras de vídeo situadas por toda la estancia, que graban cada uno de los movimientos, comentarios, situaciones jocosas y problemas a los que hay que enfrentarse.

                Llamadme loco, pero creo que hay una ineludible semejanza entre las cámaras de vídeo y los ojos que mencioné al inicio del artículo. Son los otros, sus miradas siempre atentas a los actos que realizamos, esas que no pierden ni un detalle de nuestras palabras, que siempre serán usadas para perjudicarnos, son los otros, decía, los que controlan, y castigan, nuestras vidas. Estamos vigilados constantemente, las cafeterías, aulas, mercados, se han convertido en los confesionarios de la actualidad. Tenemos tan interiorizada esa falsa ilusión de libertad total, que nos olvidamos de tomar las riendas de nuestra existencia para guiarnos hacia lo poco que queda de ella. Nos hemos abandonado, ya no cuidamos de nosotros mismos, al menos, no interiormente. El cultivo de la mente ha quedado en un plano demasiado lejano para enumerarlo. Así se entiende que seamos blanco fácil de ideologías volubles, efímeras y pasajeras, que permanecen en el andén de nuestras cabezas a la espera del próximo tren que se las lleve.


                Son los otros quienes nos acusan, quienes nos delatan, quienes tienen poder real sobre nuestras vidas. Y ahora, ¿qué hacemos?

23 de junio de 2013

Que yo no valgo para esto...

Hoy se me han acabado los poemas, las miradas furtivas a unas calles que están llenas de tu ausencia, de tus carcajadas, de esos bailes tan extraños que realizas cuando andas. He dejado de inventar historias aciagas y fraudulentas que vender al mejor postor, o al sórdido lector que pierde su tiempo en este tipo de banalidades. Me he cansado de llevar una dieta pobre en libros, de contemplar apático la tan denostada pasión que emana de esas películas de amor. 

Hoy quiero correr, sentir la calidez de la vida en forma de rayo de sol sobre mis mejillas, necesito soñar, sin cesar en mi carrera, que puedo diluirme entre las partículas de polvo que el viento dispara contra mi cuerpo. Vuelvo a dejar que las letras de las canciones me desnuden, que hablen de mi vida sin haberme pedido siquiera permiso, y quedo indefenso ante la opaca mirada de mis propios ojos que ya no ven, sólo sienten.

Hoy me fundo en un abrazo interior, sin moverme, con esa memoria que suele faltarme, simplemente para recordarme que nunca estaré solo y que siempre viviré conmigo.